A la caza de los gatos silvestres
Chema L. Espejo, El Mundo, Baleares
No es raro ver a una manada de gatos tras los pasos de una vecina que se afana por darles de comer. Esta estampa tan repetida en la ciudad puede suponer un problema serio en el ecosistema. Como siempre la mano del hombre está detrás: adoptan animales que luego sin ningún tipo de conciencia abandonan a su suerte. Muchos de ellos intentan sobrevivir lo mejor que pueden en el núcleo urbano pero otros se desplazan a zonas de interior o a la Serra. A partir de este momento el ecosistema ya se ve trastocado por completo. Cada ejemplar de estos felinos puede acabar con 200 vertebrados –especialmente aves–. «Muchas veces están alimentados por el propio ser humano y su capacidad de reproducción es muy alta, con varias camadas al año», explican desde la Conselleria de Medio Ambiente, Agricultura y Territorio.
Esta situación en otras partes de España suele contenerse con los propios enemigos de los gatos. Por ejemplo, el zorro en la meseta puede detenerle los pies a la abundancia de felinos que son



