Una de las primeras medidas del alcalde Trias fue destituir a Josep Ramonedacomo director del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) y poner en su lugar a Marçal Sintes, un articulista que, a ojos de CiU, presentaba unas formidables credenciales. No en vano era tan mediocre como el propio Trias, la clase de individuo, en suma, con quien el alcalde congeniaría si coincidieran en una cena. A diferencia, claro, del pedante de Ramoneda, al que sólo ahora, cuando ha empezado a hablar de la inexorabilidad de la ruptura con España, han logrado entenderle algo. No tanto como a Rubert, pero algo.
Pese a que la sustitución de Ramoneda por Sintes era un mayúsculo despropósito, ningún informador puso el grito en el cielo y apenas unos pocos se confesaron perplejos. En esa atonía influyó, a mi modo de ver, la mansedumbre con que el propio Ramoneda trasegó su despido. Después de todo, cómo emprender una campaña contra el sectarismo cuando el propio sectarizado se comportaba como una de esas mujeres maltratadas que, inquiridas por su señoría, juran que a ellas el marido les pega lo normal.
Con aquella primera medida, el alcalde Trias expuso a las claras que su Barcelona guardaba una cierta semejanza con las matinales de domingo en el mercado de San Antonio, en que los críos se entregan de forma
