.jpg)
Guillermo de Orange cobró ánimos cuando, a los pocos meses de su derrotada revuelta inicial, en diciembre de 1568 estalló la rebelión morisca de las Alpujarras en la misma España. Aunque de momento no podía hacer nada, Guillermo señaló un año después: “Es un ejemplo para nosotros que los moros puedan resistir tanto tiempo aunque son gente sin más sustancia que un rebaño de ovejas. ¿Qué podría hacer entonces el pueblo de los Países Bajos? Veremos qué pasa si los moriscos aguantan hasta que los turcos puedan ayudarlos”. El caso probaba que el impresionante poder español tenía inesperados puntos flacos.
Los moriscos de Granada habían recibido en 1492 ventajas excepcionales, con la esperanza de que se cristianizasen; pero ellos confiaban en una vuelta de Al Ándalus, posibilidad mayor según crecía el dominio del mar por los turcos, uno de cuyos grandes designios era precisamente ese. Así, las concesiones iniciales nunca funcionaron como medio de integración, lo que no ocurrió, pues los moriscos no solo mantenían su