Mercadona
28.01.2013 | 05:30Diario de Ibiza

El veto absoluto a la implantación de grandes superficies comerciales implantado en 2005 tiene los días contados. La llegada de tiendas como Zara, El Corte Inglés, Mercadona o Carrefour dejará de ser una quimera y pasará a depender de la voluntad de la propia empresa, de que no supere los 400 o los 200 metros cuadrados (si quiere instalarse en Eivissa o Formentera) y de que su ubicación, instalaciones y proyecto se adapten a criterios de sostenibilidad del territorio o respeto al medio ambiente.
El director general de Comerç, Pere Trías, destacaba ayer que la normativa aprobada no es una 'barra libre' para la entrada 'a saco' de las grandes empresas de distribución, lo que pondría en serio peligro el comercio tradicional. «Se pasa de prohibir a regular, estableciendo que estos establecimientos no podrán implantarse más que en espacios urbanos consolidados y cumpliendo requisitos como que tienen aparcamientos suficientes o un certificado de eficiencia energética, entre otras medidas», apuntó Trías. «Se trata de requisitos que estas empresas suelen cumplir holgadamente», añadió.
Vinculado a las viviendas
Para evitar la creación de zonas o 'polígonos' comerciales en las afueras, se prohibe la implantación fuera de terrenos urbanos consolidados y se vincula la capacidad comercial de las zonas de crecimiento urbano a la población efectiva. La proporción será de 1 por cada 10, de forma que, por ejemplo, por cada 100.000m2 de uso residencial lucrativo (viviendas no de protección oficial), se podrán destinar 10.000 m2 a uso comercial minorista.
Las licencias se podrán pedir al día siguiente de la publicación en el BOIB de la modificación y podrán ser concedidas a pesar de que el Govern debe desarrollar en seis meses un reglamento y que los consells deben elaborar un plan director de comercio.
Este documento fijará «los ámbitos, sectores o polígonos para los cuáles se proponga la reordenación o reconversión urbanística», así como las «medidas de reconversión paisajística (...) respecto de los establecimientos no actualizados a la demanda y proponer su traslado a otros ámbitos más adecuados».
Las actuaciones también deberán ir encaminadas a ocupar zonas consolidadas de uso residencial o turístico, «atender la integración en la estrategia de evolución, movilidad urbana y ocupación del suelo para evitar su consumo», valorar los previsibles movimientos de personas y vehículos para estimar la capacidad de las infraestructuras y del transporte público para asumirlos, así como «prever la dotación de aparcamientos precisa». Por último, se reclamarán soluciones que garanticen la eficiencia energética, la accesibilidad y la integración en el entorno».
S. Parra, Última Hora Ibiza
La Eivissa del siglo IV antes de Cristo era una tierra de mercaderes que comerciaban con la costa peninsular cercana, el sur de Francia y Mallorca. Dos de estos comerciantes, Aris y Bodmilgart, hicieron negocios con los habitantes del poblado de Ses Païsses, a los que vendieron vino, y son los ciudadanos más antiguos de Balears que conocemos.
Estos datos se deducen de la investigación sobre dos sellos con dibujo, grabados en sendos trozos de ánfora, que fueron hallados en el poblado talayótico de Ses Païsses (Artà) durante la campaña de excavaciones arqueológicas de 2005, que dirigió el arqueólogo Javier Aramburu.
Desde entonces, los sellos han sido estudiados por varios especialistas, como «el mayor experto en ánforas de Eivissa», Joan Ramon Torres, la italiana Maria Giulia Amadasi y Mercedes Álvarez.
Según explica Aramburu, se trata de los sellos sobre ánfora más antiguos de la Península Ibérica. Hasta ahora, «el nombre más antiguo que se conocía también era el de un ibicenco, un sacerdote», y se había encontrado en la Cova des Cuieran. De hecho, Torres «ya sospechaba que en época tan antigua se sellaban las ánforas en Eivissa, ya que había encontrado un sello, aunque sin dibujo».
El hecho de que Aris y Bodmilgart [este último nombre significa «en la mano de Melgart», un dios púnico] pusieran la marca en las ánforas que llegaron a Ses Païsses quiere decir «que debían tener un interés especial en el cargamento, tal vez porque iba destinado a un poblado importante con el que estaban interesados en abrir mercado», añade el arqueólogo.
Mientras que en el siglo IV antes de Cristo Eivissa era una capital importante que vivía una época de esplendor, -«productos suyos se encuentran por todo el Mediterráneo»-, en la que dominaba una oligarquía mercantil y se acuñaba moneda, en Ses Païsses se daba una «cultura periférica», aunque ya no vivían los talayóticos, sino los baleáricos, «es la época de los honderos».
Aris y Bodmilgart eran fenicios y buenos comerciantes de vino, cuenta el arqueólogo Javier Aramburu. Los comerciantes de la actual Pitiüsa mayor «eran astutos» mercaderes que «imitaban las ánforas de los vinos más famosos de otras tierras, como Italia o Grecia», al igual que ocurre hoy con tantos productos. Para ellos el negocio era lo primero, por lo que «en caso de conflicto hasta cambiaban de bando».
Aramburu dice que los ebusitanos son poco conocidos en Balears y que tanto dicha cultura como la talayótica «aún no han tenido su gran exposición, su gran catálogo con artículos de referencia».