Investigadores de todo el mundo llevan años intrigados por la catastrófica desaparición de las abejas, imprescindibles para la polinización
Tom Theobald, un desconocido apicultor de Colorado, tenía la llave para explicar uno de los mayores problemas a los que se enfrenta la humanidad. Pero nadie le hizo caso. Porque Tom Theobald tiene su propio “wikileaks”, pero de un tema más sensible para el futuro inmediato de la humanidad: la misteriosa desaparición de las abejas.
“No creo que llegue a sobrevivir al invierno”, aseguró a finales de 2010 mientras apretaba los documentos que prueban que la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU (EPA) sabía a ciencia cierta de las conexiones entre los pesticidas y las misteriosas muertes de abejas en todo el mundo.
Aún así la EPA ha seguido permitiendo el uso generalizado de pesticidas tóxicos para las abejas, a pesar de las advertencias de sus propios científicos.
Ayer nuevas pruebas surgieron a la luz. Entre ellas la mismísima revista Science publicaba no uno sino dos estudios que sugieren que la exposición a una familia de pesticidas comunes llamados neonicotinoides tienen la llave para explicar la gran mortandad de las abejas.
Los neonicotinoides son una familia relativamente nueva de insecticidas. Trabajan cambiando los

