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jueves, 13 de febrero de 2014

El oscuro trazo de Dulcert, por Laura Jurado

Aquel día de 1885 los telediarios habrían abierto con su nombre de haberlos habido. Un hallazgo en el archivo del príncipe Tomás Corsini de Florencia ponía patas arriba la historia de la cartografía. Una carta, firmada en 1339, que adelantaba en casi cuatro décadas la que hasta entonces se había considerado la primera. Su autor, un grabador de la Escuela Mallorquina: Angelino Dulcert.
Al capitán, escritor e historiador zamorano Cesáreo Fernández Duro, le tocó hacer de corresponsal por encargo del responsable de la Biblioteca Nacional de París. Suya era la primicia pero también, la falta de datos con la que completar aquel maravilloso titular. «Era el portulano más antiguo que se conoce firmado y fechado en Mallorca», explica el matemático y experto en Historia de la ciencia, Ernesto García Camarero.
Según el corresponsal amateur, la carta estaba «en admirable estado de conservación», salvo un «desgarrón» entre el Mar Rojo y la Península Arábiga. «Casi todas las inscripciones se leen

sábado, 23 de junio de 2012

En los pueblos de Mallorca solo se zurraba a los homosexuales, a los chuetas y a los forasteros


Vieja escuela
por Ramón Aguiló Obrador

ANTES, en los buenos tiempos, en los
pueblos de Mallorca solo se zurraba a los
homosexuales, a los chuetas y a los
forasteros. Por ese orden y predilección. A
nadie más. Salvo algún que otro hachazo
certero en la frente de alguna esposa
desgraciada, la violencia en la isla siempre
ha tenido una inspiración social,
comunitaria. Nuestra legendaria cobardía
siempre ha buscado en comandita al débil,
al extraño, al diferente, al raro, para
acorralarlo contra una esquina y partirle
los tímpanos a gritos y manotazos. Ahora
bien, huelga decir que ante la predilección
antes anotada por los homosexuales, una
pieza siempre muy preciada en los diversos
pueblos de la geografía insular, es más,
suele tratarse del trofeo más digno de
comentar en la barra del bar de la plaza,
han sido siempre los despistados
habitantes de otros pueblos, que por una
extraña razón han tenido la temeridad de

miércoles, 6 de mayo de 2009

Los judíos invisibles de Dalt Vila


El rabino Yoel Kraus asegura que le han mostrado un mikvé de hace nueve siglos hallado en el sótano de una casa de Dalt Vila, cerca de la Plaça de Vila. Se trata de una zona de baño que se emplea en algunos rituales judíos y también como lugar de reflexión, además de para el rezo. Una sinagoga, o cualquier otro lugar de devoción, no está completo sin este elemento, asegura el rabino, aunque no es tan habitual en las casas y demuestra una presencia estable de hebreos en la isla.
No sólo eso, Kraus dice que las mismas murallas exhiben caracteres hebreos en una de sus esquinas, un graffiti secular que se descubrió en 2003, y que un isleño guarda entre sus reliquias una tora antiquísima, casi milenaria. La presencia en Eivissa del judaísmo es mucho menos evidente que en otras ciudades de la Península, donde perviven los antigos calls y juderías, pero el rabino asegura que también en Dalt Vila existió un barrio así, en el que vivieron concentrados los hebreos de la ciudad, dedicados al comercio.
Sostiene el rabino que también fue capital judío el que financió la actividad corsaria, sustento de Eivissa durante varios siglos, y apunta a que esa colonia pasó de estar muy activa a diluirse sin hacer demasiado ruido. Por eso Krauss también quiere aprovechar su estancia en la isla para buscar el rastro de esa presencia hebrea, de la que quedan muestras evidentes.
La otra parte de su labor, que ahora asume prácticamente en solitario, es reconstruir la comunidad. Los judíos tienden a aislarse en sus costumbres y este rabino pertenece a una secta mayoritaria que promulga todo lo contrario: la expansión hacia el exterior para compartir un sentimiento de comunidad global. Esto genera alguna desconfianza, confiesa, pero cree que, poco a poco, se está superando.
Kraus está orgulloso de los avances que va logrando, como la donación de la tora de la sinagona que es su casa, en Sant Llorenç. Se trata de una pieza renacentista que guardaba un templo polaco. Asegura Kraus que la sinagoga fue destruida en la II Guerra Mundial hasta los cimientos y que la tora fue hallada entre sus escombros, intacta, sesenta años después. Los textos sagrados judíos tienen la particularidad de que se escriben en tinta y a mano sobre un rollo de piel muy fina de cordero. Una falta ortográfica o un error de transcripción echa al traste todo el texto sagrado.
Diario de Ibiza

Judíos en Ibiza


Ibiza| ALBERTO FERRER La colonia hebrea en Eivissa puede superar las 200 familias, calcula Yoel Kraus (28 años), que ha venido a Eivissa para ser su guía espiritual. Dice que es una comunidad discreta, encerrada en sí misma y víctima de los tópicos, algunos de antes de la dictadura franquista. Su procedencia es internacional, como Kraus, que viene de Israel siguiendo algo muy parecido a un designio divino, uno más en su camino: antes fue intermediario entre las marcas de moda en Estados Unidos y las fábricas que debían manufacturar sus diseños y vivía en Nueva York. Volvió a su patria para el servicio militar obligatorio. Allí encontró su fe, entre los judíos ortodoxos; a su pareja (una española conversa que conoció haciendo de guardaespaldas) y su destino: una isla que muchos rabinos consideran tomada por el pecado.
La Tora se abrió para responder a Yoel Kraus «sí», cuando le preguntó si debía venir a Eivissa. La Tora fue más lejos: le aseguró que en la isla a los judíos les faltaba un guía espiritual y le estarían esperando. Así habló la cábala. En Israel le advirtieron de que no existía una comunidad hebrea organizada, pero a pesar de ello se embarcó. Lo suyo no es fe, sino certeza, en la providencia.
Por lo mismo que, recién licenciado del ejército, la tora le dijo que buscara un empleo relacionado con la juventud. Al poco le telefonearon para proteger a los escolares de un viaje de estudios. Y trabajando de guardaespaldas conoció a Salomé, una joven nacida como católica en España, «que descubrió que descendía de antiguos marranos –sefardíes que renunciaron a su religión por la persecución de los Reyes Católicos– y se convirtió al judaísmo», explica Kraus.
Tan convencido estaba de que la isla le necesitaba, de que respondía a su llamado, que cuando llegó al puerto y bajó del barco fue «saludando a todo el mundo y dándoles la mano hasta el hotel», que no estaba muy lejos. Sus primeros días en la isla los pasó en el hotel Montesol, que también fue su primera base de operaciones.
El rabino, ataviado con su llamativa indumentaria para el rezo –con las largas tiras de piel del tefillin enroscadas en su brazo y sobre la frente, simbolizando la unión de la fuerza física y la intelectual– bajó alguno de esos días a orar en Vara de Rey, y ahí encontró a alguno de esos fieles que estaban en la isla sin un rabino que guiarles, muy pocos. Al resto de transeúntes, aquello les parecería una locura más de la isla del desenfreno. Algunos, como un camarero del hotel, le pidieron una mezuzah, una tablilla que para algunos es un amuleto pero que, en realidad, es un recordatorio de la presencia del Supremo.
Kraus ha venido sin apoyos y sin la red de seguridad que constituye el judaísmo internacional para sus fieles y sus pastores. Le advirtieron que estaría solo, e incluso algunos miembros de la comunidad han dejado de hablarle por su elección. Es cierto que el excesivo libertinaje y el poco pudor en el vestir de muchos isleños atenta contra el mínimo pudor de un judío ortodoxo, pero el rabino dulcifica ese conflicto con sus convicciones: «se ve que es gente que cuida mucho su aspecto, su apariencia. Sólo hay que esperar a que empiecen también a cuidar su espíritu», y ahí es dónde entra él.
En su búsqueda de la grey perdida de David en la isla, Kraus va obteniendo los primeros resultados. Le sorprende que los que más interés han mostrado por la cábala –popularizada por la conversión de famosos como Madonna– sean los ajenos al judaísmo. Pero, poco a poco, van surgiendo los hijos perdidos del pueblo de Abraham.
Este año, como algo excepcional, la Pesaj, que conmemora el éxodo de Egipto de los judíos liderados por Moisés –la pascua judía–, ha coincidido con la Semana Santa cristiana. En estos días, la casa de la rosa de Sharon que alquila Kraus en Sant Llorenç –«otra premonición», dice él, ya que con ese nombre se designa también a la comunidad hebrea– se ha llenado de bullicio. Hay judíos, pero también mucha gente a la que ha invitado el rabino a participar en sus celebraciones.
Él acoge a todo el que quiera acercarse a su casa a tomar un té y escuchar sus canciones. Los rabinos festejan, saltan y bailan. Y a pesar de que su estilo es más que opinable, es indudable que exige estar el forma predicar la Tora (el Pentateuco, que agrupa los cinco primeros libros de la Biblia cristiana):?http://www.youtube.com/watch?v=GtWB9MtXB8M.
Esas festivas celebraciones contrastan con la rigurosa indumentaria del rabino, una elección basada en la tradición, en la que combina traje clásico negro con chaleco y tocado de sombrero de ala ancha, con el tradicional tallit katan y sus cuatro esquinas anudadas, los tzitzit, asomando bajo la camisa. Este estilo austero expresa también como el éxito sobre el control que ejerce el entorno social.
Su casa está abierta, asegura, como lo es también la rama jasídica de la que es seguidor, la Jabad Lubavitz, alumbrada por el Rebe Menajem Mendel Schneerson, que cuenta con cientos de miles de seguidores y millones de simpatizantes en todo el mundo. Predican la luz y la elevación, guiados por la cábala, que considera que todo es cíclico y a cada generación le corresponden unas tribulaciones que superar. A cada una le corresponde también un líder, un Rebe. Schneerson, «descendiente de los reyes de Israel», recita Kraus, dejó de aparecer en público hace medio siglo, pero el rabino está convencido de la presencia de su legado en la isla.
Kraus ríe cuando se le pregunta de qué vive. «Siempre se sale adelante», asegura. Confiesa que éste es el tercer intento de establecerse en la isla en los últimos años. Abortó los anteriores cuando se le agotó el dinero. Pero esta vez ha desembarcado con toda su familia, Salomé y sus tres hijos –la más pequeña es «eivissenca»– y con fondos suficientes para que la comunidad eche raíces.
Cree que la Casa de Sharon es el lugar ideal para ello, sólo necesita añadirle un pozo, un mikvé o lugar de reflexión con agua, que ya está estudiando dónde levantará, para comprar el terreno.
Además de los económicos, los problemas de un judío respetuoso con las normas de la fe en Eivissa llegan hasta la comida:?«Aquí no hay alimentos kosher», comenta el rabino, «así que estoy pescando mucho», asegura. Su dieta se ha llenado de verde, que es fácil de purificar –las normas sólo obligan a eliminar los bichos–. También amasa su pan y ha descubierto que se le da tan bién que se plantea empezar a venderlo. y vela por que sus retoños respeten las prescripciones de la tradición hebrea. Ninguno de los tres habla español, porque hace pocos meses que están en la isla, aunque Kraus no quiere escolarizarlos. De hecho, hace unas semanas llegó a Eivissa una chica enviada de Israel para formar un pequeño jardín de infancia al que los judíos de la isla podrán llevar a sus hijos.

Diario de Ibiza

martes, 5 de mayo de 2009

El caso de los moriscos, Pío Moa


La mentalidad que llevó a la expulsión de los judíos tenía que ver seguramente con la euforia del final de la reconquista. Mas, paradójicamente, no se adoptaron en un primer momento medidas similares contra los mudéjares o moros que permanecían en España, sino que se les reconocieron derechos considerables, incluso privilegios como el de no pagar más impuestos que antes, conservar armas blancas, destitución de gobernantes cristianos sobre los que tuvieran queja. Podían mantener su religión y propiedades, su propio sistema legal, su sistema de instrucción, llevar la ropa que quisieran, no las capas que identificaban a los judíos, retener sin trabas a los cristianos islamizados… Estas normas iban más allá de las de Valladolid con respecto a los judíos, y creaban casi un estado dentro del estado, lo que chocaba con el impulso racionalizador de la monarquía autoritaria. Curiosamente, el odio hacia los mudéjares era mucho menor que hacia los judíos, lo que acaso se explique por las posiciones de poder y riqueza adquiridas por algunos de estos, en contraste con la pobreza casi generalizada de los moros, que vivían en condiciones similares o peores que los cristianos de clase baja.


No obstante, los mudéjares no dejaban de constituir otro cuerpo extraño a la homogeneidad religiosa querida por los reyes, tanto más cuanto que constituían una potencial quinta columna de los poderes musulmanes de África, solo separados por el estrecho de Gibraltar y el breve mar de Alborán, y que mantenían una piratería permanente, aparte de sus grandes invasiones del pasado (no parecía entonces peligro inminente la presencia turca en el Mediterráneo, todavía alejada de las costas españolas). Simétricamente, el África musulmana daba a los moros peninsulares esperanzas de un eventual cambio de tornas .

Por consiguiente la política hacia ellos cambió pronto. Las predicaciones para convertirlos apenas dieron resultado, y en 1499 se adoptó una postura más drástica, con presiones económicas y a veces físicas para que los jefes musulmanes se bautizasen y arrastrasen a los demás; y se confiscaron y quemaron sus libros religiosos, mientras los científicos fueron enviados a la universidad de Alcalá de Henares. Miles de mudéjares se convirtieron pero otros más se rebelaron en Granada y las Alpujarras, en 1500. Vencida la rebelión, la política de los Reyes Católicos se endureció, y en 1502 se les aplicó la misma alternativa que a los judíos: convertirse o marcharse. La gran masa de ellos aceptó el bautismo, pero mantuvo sus tradiciones, costumbres, vestimenta y, ocultamente, su religión, recibiendo el nombre de moriscos. Así, el problema no desapareció, sino que se iba haciendo más alarmante conforme aumentaba la piratería magrebí y la amenaza turca se aproximaba a España durante el siglo XVI.

Libertad Digital

Más documentación en Wikipedia: Expulsión de los moriscos
El mito de la Hispania de las tres culturas

jueves, 23 de abril de 2009

Gloria Mound habla de Ibiza en The Jerusalem Post: Reagrupando a la tribu


The entrance to Casa Shalom, the country's foremost center for Marrano-Anusim studies, is almost as well concealed as the secret Jews it researches. Located in the pastoral village of Gan Yavne, not far from Ashdod, the humble entrance - down several steps and behind one of the well-kept villas - gives little indication to the treasures it holds.
"This used to be a car port where I kept my washing machine," admits British-born Gloria Mound, who founded the center with her husband Leslie, when the two made aliya 24 years ago. "My son converted it into an office for us; we had no choice because our library just kept on growing and there were so many people requesting our research."

Mound is referring to the center's more than 2,000 books, 5,000 documents and hundreds of testimonies, artifacts and photographs all telling the story of the Jews who either converted to Christianity or fled from Spain and Portugal during the Inquisition more than 600 years ago. While some stayed in the Mediterranean area, others settled as far afield as Newfoundland, Cuba, Jamaica and the Philippines.
As we walk in through the narrow doorway, Mound, 79, points out some of the institute's highlights. Mainly the very valuable book collection that contains perhaps the best clues to the mysteries behind the world's secret Jews, who are referred to in a wide variety of ways from Marranos, Anusim and Conversos to Islanders, Chuetas and Cryptos, but in essence are the people who kept their Jewish identity so well hidden that even today it is a struggle for some of them to be open about who they really are.
As well as researching their origins, migratory paths, customs and practices for the past 45 years, Mound, who works on a strictly voluntary basis, is also tireless advocate for helping those "lost" Jews find their way back into the fold and navigate through Israel's secular and religious bureaucracy to make aliya.
"I really believe that there is a Jewish soul, though I'm not sure exactly what that it is," says Mound, who became a research fellow in the Department of Hispanics at the University of Glasgow in 1988. "It's something that makes an ordinary, even nonreligious Jew connect straight away with a complete stranger and know instinctively that he is Jewish."
As we sit down in the airy office, Mound points to the shelves at the side of her computer desk: "See down there? Those are the 40 or so files that I am actively working on, trying to help people from around the world who want to reclaim their Jewish heritage and come to Israel. Most of the time, however, it's the Interior Ministry that makes problems for us simply because it has no clue about this subject."
Mound's chagrin at those who know little about the history of Spain's secret Jews does not end with the Interior Ministry. As she begins to share her knowledge of the subject, it also becomes clear that she is angry in general at those who make key decisions but show so much ignorance.
"It really frightens me that we have so many people who know nothing about what they are doing and can cause others so much harm and misery," says Mound, pointing to a box of matza that she is planning to send ahead of Pessah to a man she believes is a Marrano living in the Philippines but who has been refused a visa.
"I've appeared several times before the rabbinic and supreme courts and in many of the cases have been really shocked when the judges turn around and admit they don't know anything about this subject," she says. "I'm happy to tell them everything they want to know, but I believe it's a terrible injustice for someone to pass a judgment when he doesn't know anything about it."
According to Mound, the acceptance of Marrano Jews by Israel is a "vital matter that affects Jews all over the world."
"This country is always complaining that the aliya figures are falling, but there are literally millions of Jews who want to come here," she says. "In fact, coming to Israel should be the easiest thing for them to do but it's so complicated and difficult that they don't even bother trying."
MOUND'S fascination with the Marranos started quite by accident.
"We were on holiday in [the Spanish resort] Benidorm; it was during the mid-1960s, and one Sunday we took a tour of a village in the hills," she begins. "They took us to a factory that made touron [a Spanish sweetmeat] and at the time my husband and I owned a kosher supermarket [in London] and were very interested in the intricacies of food preparation."
While the other British tourists were busy enjoying the free beer and wine, Gloria and Leslie wanted to take a closer look at how the touron, which some say is actually a Marrano delicacy, was made.
"The factory appeared to us to be kosher and we asked the owner to show us how everything worked," recalls Mound, adding that they soon became fast friends and in subsequent years visited him often.
It was not until 1973, however, when the Mound family vacationed on the Spanish island of Ibiza that their interest in Marrano culture and history deepened. Their factory owner friend in Benidorm put them in touch with a colleague on the island and he, in turn, introduced them to some of the Marrano families.


"At first they did not want to talk to us," admits Mound, who later sold the family business and, in 1985, went to live in Ibiza to further her research into the community. "But slowly we got to know them and they started to open up."
Mound's exploration into the Marrano community in Ibiza uncovered some rare treasures that had remained hidden from the outside world for centuries, including a secret synagogue underneath a convent and a 14th-century Megillat Esther that is currently being restored by the Spanish government.
The husband-and-wife team identified many of the community's customs, including the fact that they had continued to marry among themselves, refrained from eating pork at home, did not mix meat and milk in the same dish and followed the Sephardi custom of naming a child after a grandparent.

"We even noticed that when they baked bread, they would make a special blessing and throw a piece of dough back in the fire," says Mound, adding that many of them kept a form of Pessah and viewed Purim as a holiday of mourning in keeping with the Marrano tradition.
Even though Mound was impressed by the community's "tenacity," she says their willingness to embrace Judaism openly was not straightforward.

"To the outside world they completely denied that they knew anything about having a connection to Judaism," remembers Mound. "Under [Spanish dictator Francisco] Franco they had been quite cut off from the outside world, but after he died and the economy strengthened, people began to accept that outside the islands there was an open Jewish society."

IN 1988, Gloria and Leslie Mound moved here and started to create a new life in Gan Yavne.

"When we came here we thought our work was all done," says Mound. "We put all our research into the spare room and thought, 'If someone wants to ask us questions, then we have all the stuff but that's it now.'"

However, news had already spread about their research and the two were suddenly receiving requests for information from all over the world.

"There is a grapevine among Marranos that has been growing for many years, long before the Internet started," says Mound, who had already been invited to speak about her research at several international conferences and was making a name for herself as an expert in the field. "Little by little people heard about what I was studying and I began getting letters from all over the world, mostly from people asking me if their family name was Jewish."

In the years that followed, the Internet boosted Casa Shalom's success, allowing Mound to fill in the gaps in her research, to create a network of Marrano Jews worldwide and to reach out to many people who had only an inkling of their Jewish ancestry.

"The Internet has brought the Jewish people together in a way that nothing else could have done," says Mound, adding that she is always very cautious when dealing with Internet inquiries and stays well away from any possible missionaries.

Casa Shalom's success notwithstanding, Mound says that in the coming years the institute faces some serious challenges in continuing with its work. One of the main hurdles, she says, is the couple's advancing years - Leslie recently turned 87.

"I'm very worried that we have eaten ourselves up and we are already facing more work than we can handle," says Mound, who adds that the best-case scenario would be for a local university to take over the center's library and continue its work.

Of course, she points out the institute is constantly faced with a dilemma of whether to simply focus on the academic research or to use the knowledge in a more practical way.

"Some say we should just stick to the academic side, but if a person wants to get back to his roots or regain his Jewish identity and I have the means through my academic knowledge to help, I should do what I can," states Mound, highlighting her most recent success in persuading a panel of rabbinic court judges to accept the Jewish ancestry of a Mexican-born, Israeli-raised secret Jew.

"I just heard the gratifying news the other day," she exclaims, explaining that one of the most common problems facing the secret Jews is the complicated element of Jewish law that forbids a kohen to marry a convert.

"He is a kohen and the girl comes from a group of Crypto-Jews in Mexico," she says. "They kept their Jewish life all the way through after leaving Spain not long after 1492."

However, says Mound, when the family decided to make aliya, they were so frightened of not being allowed in that the father went to a rabbi in Mexico City and converted the entire family.

"Anyway, the girl, who grew up here, gave me photos of the family preparing for Shabbat in Mexico and I managed to collect other material about them, including photos of her ancestors' tombstones that had Hebrew writing on them. I was also able to show that this family had kept apart from non-Jewish groups and had held onto other Jewish traditions. I presented all this to the rabbinate and they finally agreed that she had not converted because she was Jewish all along. Now she can marry her fiancé.

"This for me is one of the best examples of why I continue on with this work. Of course, if it had gone the other way, I would've been very upset but I suppose if you are proud of what you are and you can do something to enhance that, then you most certainly get that wonderful feeling of gratification."
Una entrevista de Ruth Eglash

Enlace al The Jerusalem Post